Pitbull, el imbécil que le da la razón a Donald Trump.

Cada día, el imbécil de Donald Trump sorprende al mundo con frases tan colmadas de racismo, xenofobia y estupidez que aveces resulta difícil creer que lo dicho por el hombre del peluquín rubio (aunque él insiste que el cabello es real) sea en serio. Los mexicanos y chinos son sus “blancos” predilectos y lanza dardos llenos de veneno todos los días desde el momento en que presentó su precandidaura por el partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos.
Trump siempre ha sido un personaje polémico. Su actitud arrogante y la falta de filtro mental hacen que sea uno de esos seres que, o se odia con profundo ahínco o se admira casi como un semidiós terrenal.
Y era precisamente ese odio enfocado de toda la comunidad latinoamericana lo que parecía unir en una sola voz de protesta a todos los hispanohablantes al sur de la frontera estadounidense. Había una sensación de solidaridad con México sin precedentes (por lo menos que yo recuerde). Y entonces…Se escapó El Chapo…

Por un túnel perfectamente diseñado y minuciosamente cavado, se “voló” el criminal mas temido del mundo.  Joaquín Guzman Loera escapó de la cárcel del altiplano el día 11 de julio. “El Chapo” llevaba 17 meses preso.
La reacción fue de total repudio por parte del pueblo mexicano; pero no repudio al peligroso narcotraficante si no al gobierno nacional en cabeza de  Enrique Peña Nieto, tal vez el presidente con el nivel mas bajo de popularidad en todo el continente.
La corrupción institucional de la que tanto hablaba Donald Trump era real (aunque nunca fue un secreto). Es imposible configurar una fuga carcelaria tan cinematográfica sin haber contado con la ayuda de las autoridades penitenciarias y eso era lo que mas indignación y sonrojo producía en el pueblo mexicano. Por otra parte; paralelo a la indignación, noto algo que me produce gran molestia; algo que me hace preguntar: ¿será que Trump tiene la razón?; Las redes sociales se inundan de mensajes de admiración y  cariño por el sanguinario narco. No solo en México, si no en toda Latinoamerica.
El Chapo es glorificado como un héroe nacional. Marchas y fiestas en su nombre y miles de memes exaltan la figura mitológica del delincuente que burla las autoridades cada vez que se le da la gana mientras llena los bolsillos de billetes manchados de sangre.
Esto no era nada nuevo. Cuando el capo de la droga, Pablo Escobar Gaviria amasaba su fortuna mientras desangraba y aterrorizaba a toda la República de Colombia, hubo muchos (todavía los hay) que veían a Pablo como una especie de Robin Hood; lo admiraban mas que a cualquier futbolista famoso de la época. El día que fue asesinado Escobar, millares de personas lloraron su muerte en las calles de Medellin.

Analicé mejor la situación y caí en cuenta de que tal vez era un asunto de percepción. Posiblemente lo que pasaba era que, como siempre sucede, los imbéciles aunque son menos, también son los que más se hacen notar y de seguro en Latinoamerica los buenos somos mas. El chapo con toda certeza, es más odiado que querido y esas muestras de aprecio y respeto no eran otra cosa que una tergiversación de la realidad.
Esa reflexión interna me tranquilizó… hasta que el señor Pitbull, mientras le entregaban no sé qué premio por su horrenda música dice: ” ¡TRUMP, TEN CUIDADO CON EL CHAPO, PAPO! De inmediato, la audiencia presente casi en su totalidad salta y celebra emocionada por las palabras del… llamemosle, músico.
Por mas duro que resulte reconocerlo hay un problema mayúsculo e innegable con la sociedad latinoamericana. La cultura del narcotráfico nos corre rampante por la sangre. Tenemos tatuado con hierro al rojo vivo en nuestro código genético el facilísmo y la fascinación  por el dinero mal habido, o por lo menos esa es la impresión que me queda después de lo acaecido en los últimos días.

Tal vez el odioso Donald Trump tenga razón. Un gran muro al sur del país debería separar a Estados Unidos del resto del continente. ellos están en todo su derecho de proteger su nación y en Latinoamerica existen todavía muchos descerebrados que no distinguen a un asesino psicópata de un héroe nacional.

Me gusta pensar que seguimos siendo mas los buenos que los idiotas, y de seguro así es, pero para tristeza mía y de otros tantos, los estúpidos siguen siendo muchos y son bastante peligrosos.